El hambre y la escasez marcan asistencia en las aulas

“Profe tengo mucha hambre, en mi casa no hay que comer”. Esta frase referida por Alicia (nombre ficticio para resguardar la identidad de una docente que labora en una escuela técnica del estado Miranda), se ha hecho recurrente y evidencia cómo se agravan los problemas para acceder a los alimentos.

“Trabajo en un plantel que maneja una población de 700 alumnos, desde primero hasta sexto año, y estamos constatando casi a diario lo difícil que se ha vuelto adquirir los alimentos y su impacto directo en nuestros estudiantes.

El caso más reciente fue el de un joven de primer año que me llevó a un compañero de aula que tenía la boca pálida y se negaba a hablar; no había comido porque en su casa no había alimentos. Cuando el alumno tomó confianza indicó que su mamá trabajaba limpiando casas pero casi no había conseguido trabajo”.

Relató que a los alumnos a los que les he preguntado con preocupación por qué no están asistiendo regularmente al colegio, revelan que es “porque no tienen para comer”. Agrega que se ha vuelto norma para los padres informar que su representado no podrá asistir por esta causa.

“En más de una ocasión los padres de mis alumnos me han llamado directamente para informarme que su hijo se encuentra marcando la cola en un sitio, esperando que distribuyan comida”.

Añadió que hace aproximadamente año y medio el Sistema de Alimentación Escolar (SAE), dependiente del Ministerio de Educación, fue suspendido agravando la situación.

La educadora destacó casos muy puntuales de adolescentes que han desertado del liceo, mientras que otros manejan una asistencia irregular.

“Por ser escuela técnica, en quinto año algunos alumnos dejan de asistir y antes de que pierdan la continuidad, los profesores hemos decidido enviarles trabajos para el hogar de forma tal que no pierdan el año, ya que, este tipo de planteles tiene hasta sexto año de educación diversificada y, por ser un tipo de educación especial, si desertan deben repetir el cuarto año. Sabemos que ese alumno a distancia no va a recibir los mismos conocimientos, pero intentamos apoyar lo más que podemos”.

Drama humanitario

El coordinador general de Cecodap, Fernando Pereira, señaló que la escasez de alimentos tiene varias repercusiones en las escuelas, sobre todo en el Sistema de Alimentación Escolar, pues ha visto disminuido el número de planteles beneficiados; mientras que las instituciones que lo siguen recibiendo manifiestan que la cantidad de alimentos es menor a la de años anteriores, lo que se traduce en la reducción del número de niños, niñas y adolescentes atendidos.

Sostuvo que hoy en día se restringe la cantidad de comidas, en especial el almuerzo o la merienda, incluso en ocasiones las suministran solamente tres días a la semana y no todos los días de clase como corresponde.

“Ante la situación de escasez hay niños que buscan comer en las escuelas, por lo tanto el principal incentivo no es educativo o pedagógico, sino que ver con un espacio donde se obtiene el alimento como algo básico y esencial. La situación está teniendo un impacto sobre esos muchachos y se está perdiendo ese incentivo que los mantenía de la mano de la institución educativa”.

También destacó el caso de los niños, niñas y adolescentes que faltan días consecutivos a la semana para hacer colas y ayudar a sus familias en la obtención de los alimentos, creando una relación directa entre la escasez y el ausentismo escolar.

“A esto se suma que se están perdiendo días de clases debido a la situación de racionamiento eléctrico”.

Desde finales de abril , el Ejecutivo decretó que los planteles no tendrían clases los viernes como una forma de ahorrar energía frente a la crisis eléctrica. Asimismo el plan de racionamiento diario de tres horas afecta a algunas instituciones.

Pereira asegura que el panorama se complica debido a que se ha ido acrecentando de una forma preocupante el robo de los alimentos en los planteles.

“En diversas zonas del país las escuelas son robadas, incluso varias veces. Eso también es un fenómeno que tiene consecuencias directas de la pérdida de valores y las nuevas realidades”.

Califica todos estos aspectos como una situación delicada a la que se debería prestar la mayor atención. Sin embargo ninguno de los llamados realizados a través de las mesas técnicas de la Asamblea Nacional (AN), así como debates en las instituciones se ha podido concretar alguna iniciativa que considere a las escuelas como lugares privilegiados en situaciones de crisis y escasez.

Aunque normalmente las escuelas habían funcionado como centros para atender a las poblaciones más vulnerables y desasistidas, advierte Pereira, que eso ya no está sucediendo.

“Cada día es más común niños que presentan desmayos, jóvenes que no llevan merienda o que son incapaces de cumplir sus actividades complementarias. Es un drama humanitario, no hay que indagar en el impacto que puede tener la carencia de nutrientes en los niños: ese problema puede traer daños irreversibles ya que no están recibiendo la cantidad ni la calidad en los alimentos necesarios”.

El coordinador de Cecodap insistió en que la escuela no está al margen de la sociedad, por lo tanto los males que aquejan a la ciudadanía repercuten en las aulas. “Se está privando a los niños de una vida digna donde no se puedan ejercer otros derechos, así como socializarse o recrearse, y si no es posible garantizar eso estaríamos entonces condenándolos a la exclusión”.

Comedores sin recursos

Juan Maragall, secretario de Educación de la Gobernación de Miranda, asegura que el Programa de Alimentación Escolar (PAE) perteneciente a la gestión de ese estado, atiende un total de 400 escuelas y beneficia a 102 mil estudiantes todos los días, pero pese a ello reciben desde hace varios meses reportes de que la situación con la alimentación está afectando a la escuela desde distintas perspectivas.

“Tenemos alumnos que faltan a clases uno o dos días a la semana porque necesitan acompañar a sus familias en la previsión de los alimentos, ya que las madres deben salir muy temprano de casa, no saben a qué hora van a regresar y se llevan a los niños por resguardo, ya que no pueden estar solos, o en ocasiones los alumnos aguardan en las colas”.

“Estamos viendo que los estudiantes llegan los lunes sin haber comido correctamente durante el fin de semana”.

Explicó que directores de planteles pertenecientes a la gobernación han reportado niños que llegan desanimados y hasta se desmayan en los salones.

“Tenemos escuelas que se han sumado para tener actividades los viernes, no con la intención de contradecir al Ministerio de Educación, sino como un acto de solidaridad con sus alumnos para poder brindar alimentos ese día y prever que el fin de semana puedan alimentarse correctamente”.

Maragall recalcó que se ha podido continuar el programa de alimentación gracias a la previsión presupuestaria tomada desde el año pasado con un crédito adicional que llegó hace poco más de un mes y con el cual han podido cubrir esas necesidades.

“Pese a ello ya no contamos con más recursos para garantizar el programa más allá de la culminación de este año escolar. Si tuviésemos recursos suficientes lo ideal sería que las escuelas mantuvieran abiertos sus comedores para que brindaran alimentos durante el periodo de vacaciones. Hemos hechos varias peticiones de recursos al Ejecutivo para mantener el programa de alimentación escolar y no hemos tenido ninguna respuesta”.

Señaló que algunas madres hasta se han ofrecido para colaborar con la preparación de los alimentos a cambio de garantizar comida para sus familias.

Recomendaciones
La nutricionista Zarahis Guzmán señaló que ante la imposibilidad de que los niños tengan en su dieta una ingesta suficiente de proteínas se debe apostar por cereales y legumbres que permitan formar proteínas de buena calidad, destacando la leche de soya y el yogurt. Otra de las alternativas recomendadas es la ingesta de plátano sancochado, yuca, batata o papa sobre todo en el desayuno.

Crisis alimentaria va a la universidad

La situación de escasez no sólo repercute en la educación básica y media. También los alumnos de la enseñanza superior se han visto afectados por la falta de alimentos.
El presidente de la Federación de Centros Universitarios de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Hasler Iglesias, explicó que el comedor de la máxima casa de estudios, lleva cuatro meses cerrado porque no cuenta con proveedores que suministren los alimentos. Asimismo, las cavas y las calderas de las instalaciones de la cocina presentan fallas, lo cual reduce la capacidad de almacenamiento de los rubros.

Aseguró que los recursos que asignó el Gobierno equivalente a Bs 3 millardos -de los Bs 12 millardos que requieren, solo permite prestar el servicio al estudiantado por un mes. La situación afecta gravemente a los jóvenes de bajos recursos que dependen de esta vía para su alimentación. Iglesias agregó que aunque el Estado garantiza la provisión de proteínas, no consiguen los carbohidratos ni las hortalizas.

La situación en otras instituciones del interior del país es también grave.

“Si el estudiante no cubre necesidades básicas en su hogar menos va a cubrir las necesidades relacionadas a su actividad estudiantil y por ende decide en ocasiones no continuar su formación”, afirma la profesora universitaria Yerhika Villasmil.

“He podido notar que los inscritos últimamente refieren que se encuentran haciendo compras, que no pueden asistir por estar buscando los alimentos para su hogar y eso hace que el docente tenga que estar modificando constantemente las estrategias”.

Acotó que por primera vez en su carrera ha teñido grupos muy dispersos. “Al indagar la razón entonces me refieren que tienen hambre”.

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