En Anzoátegui solo se produce 13% de la demanda alimentaria anual

Según gremio, la escasez de insumos, inseguridad, vialidades destrozadas y falta de créditos son las causales de la improductividad del sector campesino y ganadero

Los campos están abandonados. Aunque Anzoátegui fue el quinto estado agricultor del país por las bondades de sus 2,8 millones de hectáreas fértiles, hoy solo hay siembras rudimentarias en mil 200 de ellas, según el propio Ministerio de Agricultura y Tierra (MAT).

El pasado 19 de enero, el Gobierno nacional anunció con redoble de tambores que encendería este motor. Fue solo ruido. Los campesinos denuncian que las autoridades ni siquiera han recorrido estas tierras ahora estériles.

De los 77 acuerdos que ha establecido el Ministerio con otras naciones para fortalecer el sistema alimentario, existen al menos 18 proyectos con costos de millones de dólares en la región. Contrario a la lógica, la producción nacional solo cubre entre 10% y 40% de la demanda total de comida. Según la Cámara Venezolana de la Industria de Alimentos, abril fue el peor mes de la historia de la agricultura en el país: la caída fue de 21,8%.

En el estado oriental, la merma es similar. Durante 2015, solo se produjeron cerca de 72 mil toneladas de alimentos agrícolas y ganaderos. Mientras que la demanda total sería de 565 mil 20 toneladas anuales. Esto apenas representa 13% de lo se consume.

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Pero ni siquiera en las mejores cosechas Anzoátegui ha alcanzado esas cifras. El secretario general de la Asociación de Campesinos del estado Anzoátegui, Vicente Rivero, detalló que el récord de productos ganaderos y agrícolas obtenidos fue de 375 toneladas hace seis años.

El conflicto alimentario radica en que antes esta insuficiencia estaba disfrazada. Venezuela importaba lo que no trabajaba. El representante del MAT en la región, Yorako García, estima que al menos 80% de todo lo que se consumía en el país provenía del exterior. Con la escasez de divisas, aunado a lo que Rivero califica de malas políticas de estado, la improductividad de años se evidencia.

La inseguridad, falta de insumos, vialidades destrozadas, insuficiencias de créditos y la imposición de la militancia política pro gobierno son los principales causales del deterioro del sector agroproductivo y ganadero, según la enumeración que hace la asociación de campesinos del estado. Por esto, solo el 25% de 16 mil 615 trabajadores censados siguen trabajando la tierra. Los alimentos que se consumen en Anzoátegui son producidos -en su mayoría- por barquisimetanos, valencianos y merideños.

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“Los pocos campesinos que trabajan, trabajan como hace 80 años. Sin maquinaria, sin insumos, sin utensilios. Tratan ellos sus propias semillas, trabajan con las uñas. Los que siembran es por amor a las tierras porque ahorita tienen el riesgo de perder todo. En realidad no se está procediendo en ninguna parte del estado, y si se hace es en beneficio propio de los campesinos”, asegura Rivero.

Daños a la vialidad
13 mil 655 kilómetros de vialidad agrícola están dañados. Se han perdido cantidades incalculables de siembras que quedan en manos de campesinos que carecen de transporte para llevar la cosecha a las principales urbes.

En contraposición, ni siquiera el gobierno posee los automóviles para trasladar lo poco que se pueda producir. Rivero asegura que el Ministerio en la región no tiene autos ni siquiera para verificar la productividad de los campos.

En el caso del Instituto Nacional de Tierras, adscrito al MAT, una fuente extraoficial reconoció que solo poseen un carro para atender los 21 municipios, por lo que no llevan estadísticas de la cantidad de tierras que están siendo realmente trabajadas. El trabajador comentó que los recursos son muy pocos, por lo que los traslados para las inspecciones técnicas deben ser asumidos por los interesados.

Por su parte, el representante del ministerio acepta que la recesión en los recursos ha retrasado el trabajo que debe hacerse en la accesibilidad a los campos. Sin embargo, asegura que se ocupan en la recuperación de carreteras estratégicas para que la distribución pueda ser llevada, principalmente, a los mercados de cielo abierto que realiza el gobierno regional.

Inseguridad
Desde hace tres años, los agricultores y ganaderos se agruparon en una sola voz para clamar la creación de una policía agrícola que esté perenemente resguardando las cosechas y criaderos de animales. Pero la pasividad de los órganos encargados se traduce en improductividad.

Al menos 480 parceleros han migrado a lugares menos aislados por temor a ser asaltados, secuestrados, o en el peor de los casos, asesinados. Según la asociación de campesinos, el año pasado denunciaron el robo de dos mil 650 reses. En lo que va de 2016, 600 han sido hurtadas. Además, contabilizan hasta 20 robos diarios a trabajadores de ambos sectores.

El secretario general del ente gremial asevera que en caso de que haya presencia policial por las principales zonas productivas como Bergantín, El Samán y Maurica en el municipio Simón Bolívar; o Mundo Nuevo, en Freites, -solo por nombrar algunos- es con intenciones de “matraquear” a los productores.

Cortesía
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El director de la Corporación para el Desarrollo Rural Integral Sustentable del estado Anzoátegui (Cordagro), Williams Rodríguez, admite que el robo de animales “es un drama” que influye en la producción. Sin embargo, asegura que en conjunto con el Ministerio, la gobernación y las Fuerzas Armadas están estudiando la creación de la Milicia Campesina, que sería formada por los propios trabajadores del campo.

Escasez de insumos, créditos y militancia política
La escasez de las semillas, productos agro, medicinas y comida para animales, además de la merma en créditos, dificulta una pronta recuperación de los sectores alimentarios. Según la Confederación de Asociaciones de Productores Agropecuarios, la falta de insumos asciende a 70% de todo lo que necesitan para producir. El resto, podría encontrarse pero con incrementos de hasta 1.400%.

Por esto, varios trabajadores de la tierra en Bergantín, zona rural del municipio Simón Bolívar, comentaron que han optado por reciclar sus propias semillas, pero en realidad es difícil conseguir una siembra en perfectas condiciones por la falta de vitaminas que poseen estas.

Según el coordinador agrario del lugar, Pedro Polanco, del emblemático Café Bergantín se podrían cosechar -hace seis años- hasta 10 toneladas anuales. Ahora solo recogen un poco más de una tonelada. Otra siembra que podría hacerse en este suelo lleno de vitaminas sería el cacao. Pero Polanco comenta que los gobernantes no han mostrado interés en este tipo de producción, como en el resto de los casos.

El futuro no pinta prometedor. Según declaraciones a otros medios del director de hortalizas de la Confederación de Asociaciones de Productores Agropecuarios (Fedeagro), Emanuel Escalona, tampoco habrá semillas el próximo año. Escalona explicó que la producción de estas debe realizarse con dos años de anticipación y aún no se ha hecho.

Aunado a esto, el parcelero Ramón Rodríguez asegura que desde hace aproximadamente tres años no han recibido créditos ni insumos por parte del Banco Agrícola y Agropatria, que en sustitución de la figura privada conocida como Agroisleña, debería aportar subsidios para la siembra y el cuidado de los animales. Tampoco cumplen la función de la antigua empresa: no los asesoran técnicamente ni supervisan el estado de los sembradíos.

En pro de mejorar todas estas deficiencias, los sectores han hecho más de 20 solicitudes y propuestas a las autoridades. Sin embargo, han sido ignorados. En ocasiones, los productores aseguran sentirse atemorizados de perder sus tierras, por lo que prefieren guardar silencio sobre las penurias que pasan. Dicen que se ha politizado la producción.

“Estamos proponiendo, pero dicen ‘si tú no eres del color del gobierno, no pues participar en esto’. Pero el agricultor es el color de la tierra, con unidad podemos trabajar perfectamente y poner el estado a producir”, rechaza el secretario del gremio de campesinos.

Sobre estos puntos, el representante del ministerio Yorako García, en conjunto con el director de Cordagro, Williams Rodríguez, aseguran que la reducción de la productividad se debe al mal manejo técnico y logístico por parte de los parceleros. Además, dicen que la sequía tiene una implicación directa en la merma. García señala que el año pasado se perdieron alrededor de cinco mil hectáreas.

Pero el clima no sería causal de pérdida si se implementara sistema de riego. Solo en el el complejo agroindustrial José Abreu de Lima, en Barcelona, se perdieron dos mil 800 hectáreas de riego y seis millones de dólares, según el secretario del gremio de los campesinos. Sobre esto, García aseguró su recuperación en los próximos dos años, así como el aumento de la cosecha total a 249 mil toneladas anuales, incluida la ganadería dentro de esta cifra.

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