¡SIN TABÚES! Conoce las 15 prácticas más extrañas en el mundo del fetichismo

En la actualidad no resulta raro o extraño conocer las distintas maneras que tiene el hombre de satisfacer su deseo sexual más allá de la relación íntima tradicional. El estímulo sexual suele motivarse volcando los cinco sentidos hacia las partes del cuerpo, aunque a veces éstas son sustituidas por prendas u objetos, llegando a ser la única manera de obtener satisfacción.

Estas prácticas reciben el nombre de parafilias, y los sexólogos han catalogado más de 130 categorías distintas (casi todas ellas de exclusiva práctica masculina).

Agalmatofilia: Maniquí de mi amor

¿Cuántos hemos soñado con hacer realidad esa historia que se desarrolla en la ochentosa película “Mannequin”, aquella que un hombre se enamoraba de un maniquí que luego cobraba vida? Esta filia se manifiesta en las personas que sienten una atracción sexual y sentimental hacia muñecas o estatuas.

Agalmatofilia

Ursusagalamatofilia: Lindo peluchito
Una filia que consiste en vestirse como animalito de peluche. Según el doctor Ian Kerner, un terapista sexual de Nueva York –consultado por la CBS–, “existe una gran escena furry –como se le llama en EE.UU.– y parece estar basada en personas que les gusta antropomorfizar animales y atribuirles cualidades humanas, generalmente cualidades bonitas”. En Japón hasta existe un tipo de animé basado únicamente en esta filia.

Parcialismo: Tacones del pedal del acelerador
El parcialismo es la atracción sexual por determinada parte del cuerpo no genital, y a veces, en determinadas situaciones. Por ejemplo, existen personas que se excitan al ver un pie con zapatos de tacones pisando el pedal del acelerador del auto.

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Salirofilia: Me gusta sucio
Bañarse y perfumarse antes de tener relaciones sexuales puede ser rutina para unos, mientras que para otros la higiene o la sensualidad de un baby doll no tiene nada de erótico, sino al contrario: les gusta la idea de ensuciarse durante el sexo o ensuciar a su pareja. Esto va desde despeinar al acompañante hasta correrle el maquillaje y romperle la ropa. La desaliñada general se hace con el preciso fin de excitarse, y puede ser tan emocionante que el resultado final sea lo de menos. El doctor Kerner dice que normalmente el paquete incluye fantasías de dominación y sumisión.Ojo:no hay que confundirlo con la coprofilia, que es completamente distinta.

Infantilismo parafílico: En pañales

Se trata de las personas que tiene como fetiche los pañales y actuar como bebés. Este comportamiento es más común en hombres que en mujeres. ¿Por qué pañales? De acuerdo con el doctor Kerner, “son un tótem que representa la infancia y la libertad”.

Hibristofilia: Amor criminal
Las mujeres con hibristofilia se sienten atraídas por criminales de toda calaña, incluso por aquellos encerrados por crímenes horribles. El doctor Kerner explica que este fenómeno ocurre “usualmente si el criminal es atractivo, ha tenido presencia en los medios y ha ganado cierta notoriedad”. En casos leves, a la mujer le gustan los “chicos malos”, no necesariamente delincuentes.

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Hematofilia o hematolagnia: Vampiros
Esta filia no está alejada de la vida real, incluso ha aumentado su popularidad gracias a la saga de Twilight y las series de TV derivadas de esa película. Consiste en involucrar, usar o incluso tomar sangre durante las relaciones sexuales, o tener pensamientos eróticos sobre la sangre. El doctor Kerner comenta que, en efecto, han aumentado los casos que incluyen fantasías vampíricas “pero no el tomar sangre”.

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Mecanofilia: Inspector Gadget
A juzgar por los anuncios en televisión, un auto puede ser sexy. Pero para las personas con mecanofilia, autos, inventos y distintos gadgets son el centro de una experiencia sexual. “Generalmente existe un elemento exhibicionista para quien se siente estimulado por una máquina, así como el elemento de sumisión/dominación”, según el doctor Kerner.

Claustrofilia: Amor entre cuatro paredes
Así como existe la claustrofobia –pánico a los espacios cerrados–, también existe su antítesis: la excitación que se logra en espacios extremadamente pequeños. Otra fijación que es más común de lo que cree. Los baños están entre los espacios favoritos de los clautrofílicos.

Odaxelagnia: Muérdeme que me gusta
¿Te gusta morder a tu pareja? ¿Te excita ser mordido? Si contestaste sí a una de las preguntas, es posible que pertenezcas a este club. Se aclara: no es como la hematofilia, ya que en los casos de odaxelagnia no hay la necesidad de chupar la sangre.

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Dacryfilia o dacrilagnia: Si quieres llorar, llorá
Hace poco se reveló en un estudio que las lágrimas inhiben el deseo sexual, no obstante se sabe de numerosas personas que hacen llorar a su pareja para poder excitarse. La intensidad emocional que viene después de hacer llorar a su “víctima” se llama dacryfilia o dacrilagnia. En tanto el juego sea consensuado, probablemente no haya necesidad de preocuparse. Aun así, advierte Kerner, “todos los fetiches y compulsiones sexuales tienen el potencial de volverse patológicas”.

Autoandrofilia: Ser el hombre
Consiste en que la mujer se excita al vestirse como hombre o fantasear que es un hombre durante los preliminares y el acto sexual. Obviamente, hablamos de una constante. Puede darse en mujeres heterosexuales y homosexuales.

Acrotomofilia: De amputaciones y aparatos ortopédicos
Una de las fijaciones más excéntricas es la atracción sexual que siente una persona por alguien a quien le falta alguna extremidad o es discapacitado y usa muletas o silla de ruedas. Devotee y wannabe son los neologismos con que se les ha bautizado. Los primeros oscilan entre la admiración y el deseo sexual, mientras que el segundo grupo lisa y llanamente envidia las lesiones ajenas.

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Somnofilia: La bella durmiente
No sólo es un cuento que monopolizó Walt Disney, hay muchas personas a las que les gusta ver o tocar a sus parejas cuando están dormidas. El doctor Kerner lo llama “el fetiche de la bella durmiente” y precisa que “suele tratarse de poder y sumisión para los dos lados, teniendo a alguien bajo tu control y/o ser sometido totalmente”

Máscaras: ¡Véndame los ojos!

Si eres de los que de vez en cuando se ponen una máscara para tener relaciones, no necesariamente signifique que tengas un fetiche. Los expertos coinciden en que sí lo es cuando la máscara se convierte en la única fuerza controladora detrás de la sexualidad de una persona. O sea que si no te pones la máscara, la cosa no funciona.

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