La apasionante historia del español que ha dado la vuelta al mundo caminando

Nacho Dean ha cruzado cuatro continentes, fue atacado por una Mara en El Salvador, vivió un atentado y hasta llegó a dormir en el tejado de una comisaría.

Nacho Dean quería vivir una aventura con mayúsculas y lo consiguió. Este joven malagueño de 25 años dejó su trabajo de publicista para embarcarse en la experiencia de su vida: dar la vuelta al mundo a pie convirtiéndose en el primer español en lograrlo. Tres años de travesía, 33.000 kilómetros recorridos, 12 pares de botas gastadas y 12 kilos menos de peso son algunas de las cifras que deja una apasionante historia cargada de anécdotas que empezó el 21 de marzo de 2013 en el kilómetro 0 de la Puerta del Sol de Madrid y que ha llevado a Dean a visitar cuatro continentes, conocer 31 países, atravesar desiertos y dormir en sitios tan surrealistas como el tejado de una comisaría de policía, iglesias o templos. Aunque en muchos casos su único cobijo fueron las estrellas. La experiencia, con trasfondo ecologista, le ha servido a este joven publicista para confirmar lo que ya sospechaba: la bondad de la gente.

A este joven malagueño afincado en Asturias siempre le apasionó la aventura, viajar sólo y hacerlo a pie. Aún así, dar la vuelta al mundo caminando era una vuelta de tuerca que merecía ser meditada: “dejaba mi casa, mi familia y no sabía si iba a volver”, confiesa a La Vanguardia. Finalmente se tiró a la piscina, especialmente porque “era un sueño personal y no quería esperar a tener 80 años para cumplirlo”. Y, tras varios meses preparando el viaje, el 21 de marzo de de 2013 daba sus primeros pasos desde la madrileña Puerta del Sol (lugar que no volvió a pisar hasta tres años más tarde, el 20 de marzo de 2016).

Decidió viajar a pie porque es el medio de transporte “más barato” y también ecológico. Y en muchos momentos su único compañero de viaje fue un carrito de aluminio que le servía de mochila y en el que llevaba lo justo para sobrevivir: una tienda de campaña, un saco de dormir, algo de ropa, un botiquín, agua, comida, dos pares de zapatos, un poco de dinero y “algo de tecnología”. Una mochila con ruedas que se fue vaciando y renovando: durante sus tres años de travesía ha gastado hasta 12 pares de zapatos.

El itinerario de Nacho Dean por el mundo

¿Cómo definió la ruta?

Decidir qué países cruzar y cuáles descartar fue una de las partes más espinosas de la planificación del viaje. “Tenía un itinerario provisional que iba modificando”, cuenta el aventurero, que explica que trazó un “itinerario seguro” evitando pasar por países en guerra como Siria o Afganistán.

También se topó con la burocracia. Y es que la vigencia de visados estuvo a punto de ponerlo en aprietos en Irán, donde tuvo que pedir una ampliación, o en Australia donde sólo tenía un permiso de tres meses de estancia para cruzar la inmensa isla. También en Perú tuvo que pagar una penalización por pasarse 15 días de la fecha.

De las Maras a un atentado terrorista

Sus ahorros y también patrocinadores y donaciones han financiado su aventura. Pero cuenta que no llevaba mucho dinero encima para esquivar robos. Aún así, en tres años de viaje era inevitable algún susto. En Lima le atracaron y le robaron la cámara y el teléfono. En El Salvador le intentaron asaltar la peligrosa Mara Salvatrucha. Y entre los sustos, otro mayúsculo: estuvo en un atentado terrorista en Bangladesh.

Nacho Dean llegando a El Salvador

Durmiendo en el tejado de la comisaría

Mezquitas, iglesias, templos, el desierto e incluso el tejado de una comisaría de Ecuador han sido algunos de los lugares en los que Dean plantó su saco de dormir. “Acampé allí porque se me hizo de noche y estaba en mitad de la selva”, cuenta el aventurero. “He rozado la supervivencia y ha habido días que no he comido”, relata el joven. Y precisamente con la comida tiene que ver una de las anécdotas del viaje ya que cuenta que en el desierto australiano, en medio de la nada y como si de un oasis se tratara, encontró una bolsa de patatas fritas. Un manjar que le supo a gloria. Pero a pesar de la austeridad, reconoce que se dio algún lujo. Como hospedarse en un hotel en Perú “después de cruzar el desierto”.

El 20 de marzo de 2016 Nacho concluyó su vuelta al mundo a pie

Momentos duros

En tres años puede presumir de haber enfermado únicamente una vez. En Chiapas (México) contrajo la fiebre Chikunguña que lo dejó días ko. Dean no oculta las dificultades vividas durante la travesía: “he pasado momentos duros”. Y reconoce que tras un intento de asalto en México, medio año antes de acabar la aventura, se planteó tirar la toalla. Aún así, los momentos complicados quedaron en un segundo plano

El increíble Irán

De todos los países se lleva buen recuerdo y aunque no se atreve a hablar de preferidos reconoce que Asia Central es lo que más le ha impactado y que conocer Irán “fue increíble. Siempre se habla de terrorismo y descubrí una población interesante”. También Costa Rica, México, Malasia o Eslovenia se ganaron su corazón. Pero visitar tantos rincones, un viaje del que fue dando cuenta a través del blog Earth Wild Walky del que prepara un libro, también le ha llevado a una triste constatación: nos estamos cargando el planeta.

La bondad de la gente

El mayor “tesoro” que Dean se lleva de toda esta aventura es la gente. El cobijo que le prestaba la gente y su hospitalidad está detrás de esta afirmación que resume el emocionante viaje de Dean. “Ver a personas muy pobres que te ofrecen lo poco que tienen, que te ofrecen su única cama y ellos duermen en el suelo es algo que impacta”, explica.

A pesar de los 33.000 kilómetros recorridos Nacho presume de haberse librado bastante de las temidas ampollas. La experiencia no solo ha transformado físicamente a Nacho (perdió 12 kilos que ahora está intentado recuperar). Especialmente, y aunque suene a tópico, ha supuesto para este joven una revolución interior: “me ha hecho más agradecido”. Para Dean no valoramos el hecho de “comer tres veces al día o que abramos el grifo y salga agua: Hay quién solo toma un plato de arroz al día”, se lamenta. Pero si hay una enseñanza le ha dejado su aventura es que “La inmensa mayoría de la Humanidad es buena”.

 

Fuente: La Vanguardia.

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