Compartir datos en redes sociales se volvió un riesgo

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En 2007, un joven Mark Zu­ckerberg anunció que Facebook abriría sus puertas. Dijo que Facebook ya no sería un producto de software cerrado como todas las demás redes sociales.

En cambio, se convertiría en una plataforma abierta e invitaría a desarrolladores externos a crear apps y programas usándola como cimiento. “Queremos hacer de Facebook algo así como un sistema operativo”, indicó Zuckerberg.

En ese entonces, el anuncio atrajo poca atención fuera del mundo de la programación. Más tarde, llegaron juegos populares, como FarmVille, y apps como Tinder y Spotify comenzaron a permitir que sus usuarios ingresaran usando sus credenciales de Facebook.

De cierto modo, era un toma y daca justo. Facebook logró entretejerse más profundamente en los hábitos de Internet de los usuarios, y los desarrolladores externos tuvieron acceso a un gran público y a datos valiosos. Los usuarios casi ni se inmutaron. Claro, estas aplicaciones recopilaban datos sobre sus vidas. Pero en realidad, ¿qué podría salir mal?

Hoy, las consecuencias se vuelven claras. Cambridge Analytica, una consultoría británica, adquirió de manera inapropiada los datos privados de unos 50 millones de usuarios de Facebook y los utilizó para poner en la mira a electores a nombre de la campaña Trump durante las elecciones presidenciales de 2016.

Técnicamente esto no fue una violación de datos, puesto que este acervo de información no fue robado de los servidores de Facebook. En lugar de ello, fue entregado libremente al creador de una app de test de personalidad de Facebook llamada “thisisyourdigitallife” (“estaestuvidadigital”).

Esa app, desarrollada por Aleksandr Kogan, profesor de la Universidad de Cambridge, recopiló datos sobre las 270 mil personas que la instalaron, junto con datos sobre sus amigos de Facebook, un total de 50 millones de personas. Kogan luego dio los datos a Cambridge Analytica. Sólo este último paso violó las reglas de Facebook.

Las apps de terceros recolectan información personal detallada sobre los usuarios de Facebook todos los días, como edades, ubicación, páginas que les han gustado y grupos a los que pertenecen. Esto no sólo está permitido sino que es fomentado por la red social, que quiere que los desarrolladores sigan creando con base en su plataforma.

En una reciente publicación en Facebook, Andrew Bosworth, un vicepresidente de Facebook, admitió que ese concepto quizá fue un error.

“Pensamos que todas las apps podían ser sociales”, escribió Bosworth. “Tu calendario debería tener tus eventos y los cumpleaños de tus amigos, tus mapas deberían saber dónde viven tus amigos, tu libreta de direcciones debería mostrar las fotos de ellos. Era una visión razonable, pero no se materializó de la manera que esperábamos”.

Una primera pista sobre el potencial para el uso indebido surgió en 2010, cuando The Wall Street Journal reportó que una compañía de monitoreo online, RapLeaf, estaba revendiendo datos recopilados de apps de terceros a firmas de marketing y asesores políticos. En respuesta, Facebook cortó el acceso de RapLeaf e informó que “limitaría drásticamente” el uso indebido de información personal de sus usuarios. En 2015, Facebook eliminó la capacidad de terceros desarrolladores para recopilar información detallada sobre los amigos de los usuarios que habían instalado una app, citando preocupaciones de privacidad. (El acervo de datos de Cambridge Analytica fue recopilado en 2014).

Sin embargo, las funciones medulares de la herramienta de plataforma abierta de Facebook siguen intactas. Aún hay apps de terceros que “aspiran” datos sobre los usuarios de la red social. Esos datos no desaparecen y Facebook no tiene ningún recurso real para impedir que caigan en las manos equivocadas.

Investigadores y organizaciones no gubernamentales han utilizado las herramientas de desarrollo de terceros de Facebook para responder a desastres naturales. Y muchas de las funciones de las que dependen los usuarios de Internet son posibles gracias sólo a las herramientas que permiten el desarrollo por parte de terceros.

Las políticas permisivas de datos también fueron benéficas para el negocio de Facebook. Los desarrolladores externos crearon millones de apps con base en su plataforma, dando a los usuarios más razones para pasar tiempo en el sitio y generando más ingresos por publicidad.

En este contexto es incluso menos sorprendente que Kogan y Cambridge Analytica pudieran usar un tonto test para recopilar información sobre millones de estadounidenses. Después de todo, ¿por qué otro motivo estaría el test allí?

FUENTE: © 2018 The New York Times

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